El teléfono suena, casi sin ver, con los ojos cerrados, lo cojo sin mirar quien es, para mi asombro es esa voz, esa voz que tantas veces quise que fuese lo primero que oía por la mañana, la tuya.
Me dices que te encantaría dar marcha atrás, que quedaron cosas que decir, cosas por hacer, que tantos recuerdos no pueden irse, te resignas a ello, que no te importa la situación, que quieres acabar con todo, que lo único que te importa es la persona que hay al otro lado del teléfono.
No salgo de mi asombro, estoy ilusionada y triste a la vez, ilusionada porque todo el tiempo que esperé sirvió para algo y triste porque sé que contigo la felicidad no dura mucho, todo es imprevisible.
¿Qué contradicción no?.
Mil dudas vienen y no se van.
¿Seguir adelante o parar?.
Oigo una voz a lo lejos pero no es la tuya, se ha esfumado.
Parece que todo ha sido un sueño.
Los sueños no alimentan mis ganas, por lo tanto creo que es hora de poner punto a esta historia, no sé si aparte o final, la certeza no la tengo y contigo menos que con nadie.
Pero sí es el momento oportuno para poner el punto, no esperaré más, no me ilusionaré con tus palabras, no creeré nada más que salga de la amistad.
Gracias por abrirme los ojos, por decirme a voces con tu silencio que no puedo callarme las cosas, que cuando quiera decirlas será tarde.
Gracias por todas aquellas cosas.
No hay más rencor.
Adiós...
No hay comentarios:
Publicar un comentario